miércoles, 10 de noviembre de 2010

El sueño del Bio-LED: polvo de oro para que los árboles iluminen la noche


La bioluminiscencia, o la capacidad de muchos seres vivos de producir luz y brillar en la oscuridad, es un fenómeno totalmente natural que lleva años fascinando a los científicos. Unos físicos electro-ópticos de Taiwán han descubierto que las nanopartículas de oro pueden inducir la bioluminiscencia en las hojas de las plantas, lo que permitiría, por ejemplo, utilizar los árboles plantados en las calles y carreteras para iluminar el camino al que han dado sombra por el día.

Se convertiría así a nuestras amigas las plantas no sólo en valiosos sumideros de CO2, sino también en generadores de energía lumínica ilimitada para nuestro futuro. Los científicos taiwaneses llegaron a este descubrimiento mientras estudiaban nuevos compuestos para lograr diodos emisores de luz (LED) más eficientes.

La iluminación LED ha sustituido a las fuentes de luz tradicionales en los alumbrados públicos de las carreteras y calles. Sin embargo, una gran cantidad de diodos emisores de luz, blanca sobre todo, utiliza polvo de fósforo para estimular longitudes de onda diferentes. Pero el polvo de fósforo es altamente tóxico y su precio es caro.

El Dr. Yen-Hsun Wu y su equipo ha descubierto un método que es menos tóxico para reemplazar el polvo de fósforo por polvo de oro, tan fino que no se ve, pues está en escala nanométrica.

En su investigación, Dr. Yen-Hsun Wu implantó nanopartículas de oro en la Bacopa caroliniana, una planta acuática de agua dulce, y fue capaz de inducir la clorofila en las hojas para que produjera una iluminación de color rojo. La clorofila vegetal muestra bioluminiscencia en una longitud de onda de alta (400 nm) de excitación ultravioleta. Por el contrario, las nanopartículas de oro se excitan en longitudes de onda más cortas. Mediante la implantación de las nanopartículas en las plantas de Bacopa caroliniana, fueron capaces de lograr que la clorofila de las hojas produjera un brillo bermellón en el espectro de luz visible.

En el futuro, el conocimiento sobre estos “bio-LEDs” podría ser usado para plantar árboles que iluminen las calles y carreteras, permitiendo alcanzar fácilmente tanto las metas de ahorro de energía como las de protección del medio ambiente. Y aunque el oro está por las nubes, tampoco sería un método excesivamente caro.

Se ha conseguido sintetizar estas nano-particulas de oro en el laboratorio para muchas aplicaciones, desde detectores cancerígenos a vacunas. Pero este “oro invisible” nanométrico, oculto a los ojos del hombre, está muy presente en la naturaleza en aguas subterráneas que son muy saladas o ácidas, ya que estas aguas disuelven el oro primario y lo redepositan en los lechos como cristales de oro puro, en forma tan pequeña que los buscadores del metal precioso nunca podrían verlo sin ayuda de un espectrómetro de electrones.

Quizá regando los árboles con estas aguas para que sintetizaran las nanopartículas prodigiosas, se podría cerrar el círculo y lograr que su brillo alumbrara el camino en este futuro incierto que nos espera.

Vía RSC

sábado, 6 de noviembre de 2010

Ensoñaciones Fantásticas (serie 4)

El espíritu de Amaterasu




Cuenta la leyenda que Amaterasu, la más hermosa diosa del panteón japonés, diosa del Sol, nació del baño del ojo izquierdo de Izanagui. Este dios decidió dividir el mundo entre sus tres hijos, ofreciendo su collar sagrado, símbolo de soberanía, a Amaterasu para que reinara en los cielos y llevase la luz al mundo. Sus dos hermanos eran el dios de la luna Tsuki Yomi, y Susano-O, un poderoso y violento Dios asociado con las tormentas.

A Susano-O le molestó que su hermana gobernara en los cielos, pero tras ciertas argucias consintió que viviera allí también. En vez de agradecérselo, su hermano, caracterizado por su crueldad, hizo lo imposible por enfadar a la diosa. Destruía los campos divinos de arroz con los que la diosa alimentaba a Japón. Ensuciaba con estiércol los suelos del palacio real. Pero lo que realmente hizo entristecer a la diosa, fue la muerte de su caballo celestial. La diosa, que hasta ahora siempre había sido muy feliz, conoció el llanto y la amargura, y para que no la vieran así, decidió encerrarse en una cueva que tapió con una gran roca. A causa de ello, las islas se sumieron en las tinieblas y la tristeza. Las plantas dejaron de crecer, y todas las actividades se paralizaron. Temiendo que esto fuera así por toda la eternidad, otros dioses fueron a buscarla. Amaterasu no quería salir así que decidieron engañarla. Formaron una gran fiesta en nombre de una diosa maravillosa. Curiosa la diosa, salió a conocer quien era esa nueva deidad, y cual fue su sorpresa al verse reflejada en un espejo que el resto de los dioses habían puesto a la entrada, cosa que alegró mucho a la diosa y volvió a brillar saliendo de la cueva.

Su hermano fue expulsado del reino de los cielos, y tuvo que conformarse con el reino de los mares. Amaterasu, viendo como la querían en Japón, envió a su nieto Jinmutenno a la tierra, para ser el primer gobernante, y de ahí explican la divinidad de la monarquía japonesa. Un día, el sol decidió crear al hombre para que habitara las hermosas islas creadas por Izanagui e Izanami (refiriéndonos al archipiélago de Japón...). Con sus propios rayos, moldeó a una hermosa mujer, Amaterasu, y la nombró Diosa de la Luz. Después creó al resto de los dioses para que la hicieran compañía.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Somos Medios Sociales: ¿Quién nos vende?


La increíble adopción de las redes sociales por parte de la sociedad conectada tiene una explicación de lo más lógica. Y realmente nadie puede sorprenderse. Como suele decirse: estaba cantado. Sólo hacían falta los medios, y esos, con la universalización de internet, llegaron. Por un lado las conexiones son cada vez más rápidas, y el acceso es ya posible casi desde cualquier sitio gracias a la tecnología móvil. Por otro, el software para crear contenidos ya no es algo que haya que cargar y saber utilizar. La grandeza del 2.0 vino realmente cuando el navegador era todo lo que necesitabas para publicar una web, blog, álbum de fotos o lo que fuera. Si después llega alguien que inventa un lugar en el que todo eso está junto y puedes empezar directamente desde el primer día, como por ejemplo Facebook, lo normal es que la gente lo use con decidida alegría.

Al principio, los especialistas en comunicación lo vieron como un peligro para las marcas por la pérdida del control sobre lo que se dice de ellos (ahora cualquiera podía expresar sus dudas y quejas y ser escuchado). Después pensaron que si la gente estaba allí, era un buen soporte para poner sus anuncios. Y finalmente, llegaron a la conclusión de que lo que había que hacer era unirse al enemigo, hacerse pasar por uno de ellos y conversar. Hemos pasado del concepto “el medio es el mensaje” a “el medio eres tú“.

¿Pero cuál es la verdad sobre los usuarios y las redes sociales? ¿A quién le interesa realmente? ¿Qué ganamos nosotros?

Las redes sociales, como las conocemos pueden desaparecer, pero el concepto permanecerá. Se adaptará a las nuevas invenciones y a los nuevos soportes que surjan, pero lo que está claro, es que al usuario ya no le calla nadie. Mirad esta foto en un aparcamiento de AZCA en Madrid. Para quienes no lo conozcan, decirles que es un complejo subterráneo de varios niveles, que ocupa una manzana entera y cuenta con diversos parkings. En éste concretamente, los cajeros automáticos no se encuentran como deberían en la entrada al aparcamiento, o en una de sus plantas, sino en el interior de la tienda, muy lejos y escondido. Si además tenemos en cuenta que esa tienda no tiene una sola entrada, sino muchas y muy distantes… validar el ticket y pagar puede ser realmente una aventura. Pues bien, para informar al usuario, el centro comercial colocó un cartel 1.0 en el parking, pensando que era suficiente… y el resultado es el que puedes ver:


El usuario ya no se calla. Te guste o no, te responde, opina y critica, pero también es capaz de colaborar y sugerir positivamente. O bien da consejos a los demás usuarios, o bien le dice a quien corresponda lo que debería hacer:

  • “Indicar dónde”
  • “Eso!”
  • “En la tienda”
  • “Orilla de los muebles”
  • “Pongan cajero aquí, por favor”

Convierten todo en un muro, y claro, como en todas partes hay trolls, y alguno se molestó tanto que decidió hacer un enorme click con su puño…

Somos sociales, y nos gusta opinar. Lo hacemos en internet, pero no cambia nada con lo que hacíamos antes. La radio siempre fue un medio cercano y gran prescriptor, entre otras cosas porque abrían con frecuencia sus micrófonos a los oyentes. ¿No era eso contenido generado por el usuario? También se llamaba a las emisoras para dedicar canciones. ¿No era eso compartir contenido? Por no hablar de las puertas de los servicios públicos, como en la foto de portada del post…

Otros medios eran más cerrados. La prensa filtraba las cartas al director, pero recibía miles. Basta ver cómo se llenan de comentarios ahora las noticias o columnas de los periódicos digitales. La televisión, por su parte, adoptó rápidamente la fórmula de la “participación ciudadana” en sus programas mediante la emisión en sobreimpresión de los comentarios vía sms. Todo un filón económico en cada comentario, dijera lo que dijese…

Un filón económico. Eso es lo que es. ¿Pero para quién? Los usuarios utilizan las redes sociales de forma gratuita, y generan contenidos, pero tampoco obtienen beneficios por su trabajo. Eso debería hacernos pensar un poco. ¿Qué ganamos cada uno?

Los usuarios, sólo obtenemos lo que necesitamos por nuestra propia naturaleza. Por un lado, compañía en un mundo moderno en el que las relaciones interpersonales se estaban perdiendo. En mega ciudades deshumanizadas, llega la fría tecnología y nos permite compartir emociones e inquietudes. Y por otro, saciamos un instinto innato a nuestra naturaleza de ser sociales. Para Aristóteles y Platón, el hombre es un animal social y necesita de los de su especie para sobrevivir:

“Es pues manifiesto que la ciudad es por naturaleza anterior al individuo, pues si el individuo no puede de por sí bastarse a sí mismo, deberá estar con el todo político en la misma relación que las otras partes lo están con su respectivo todo. El que sea incapaz de entrar en esta participación común, o que, a causa de su propia suficiencia, no necesite de ella, no es más parte de la ciudad, sino que es una bestia o un dios”. (“Política”, libro 1,1)

Pero no nos engañemos. Con las redes sociales, los que de verdad ganan, son quienes viven de ellas. Y si ganan dinero, es gracias a los usuarios. Que son al mismo tiempo, mercancía en venta, y el medio en el que se venden.

Mercancía en forma de audiencia publicitaria, que hace posible convertir al creador de Facebook en uno de los hombres más ricos del mundo, regalando a sus usuarios el uso de su desarrollo, pero cobrando a otros por la publicidad. Sólo el 4% de los usuarios hace click en un anuncio en Facebook, pero como son más de 500 millones, su creador Zuckerberg ha ganado ya más de 4.000 millones de dólares. El nos regala su aplicación, y nos vende a sus clientes.

Y mercancía como carne de cañón, vendidos al peso como máximo activo por ejemplo de una empresa llamada Tuenti, vendida por unos 70 millones de euros sólo cuatro años después de su creación.

Sin olvidar al ejército de asesores, consultores, expertos y apóstoles que han encontrado el camino para obtener sus ingresos, y en algunos casos, fama. Muchos de los que pregonan que “la publicidad ha muerto” olvidan que esas redes sociales no la han asesinado. La tienen secuestrada y obtienen su rescate a diario.

¿Cuánto durará eso? ¿Nos cansaremos de que nos coloquen publicidad en nuestras conversaciones íntimas? ¿Querremos seguir viendo anuncios mientras vemos las fotos de nuestras vacaciones? ¿Aparecerán las redes sociales de pago, privadas, y libres de publicidad? Yo creo que es más que posible que eso ocurra. Porque todo tiene un precio, y si no lo pagas de una manera, lo pagas de otra.

La imagen de arriba está tomada del blog de Delfina Palma.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

No hay peor sordo que el que no quiere oír ni editor que el no quiere editar

Me resulta casi increíble el reportaje de R. Muñoz y J. R. Marcos en El País titulado La tableta da alas al libro 'pirata' en el que se enumeran los temores de los editores frente al éxito de ventas de dispositivos como el iPad.

Según los editores, este éxito ha repercutido en que las descargas no autorizadas de libros digitales hayan pasado de un 19% del total del mercado en el último semestre de 2009 a más de 35% en la actualidad, y calculan que han dejado de ingresar más de 400 millones de euros en el primer semestre de este año por causa de estas descargas no autorizadas.

No se si las cifras son ciertas o no, pero a la Federación de Gremios de Editores de España le ha faltado tiempo para ir a llamar a la puerta del gobierno para decir que ellos también creen en que la Ley Sinde les sacará del apuro.

Supongo que lo de que Libranda, la plataforma que han montado para distribuir libros en formato electrónico, que no es compatible con esos iPad que tanto temen o con el Kindle de Amazon no tiene nada que ver con que los compradores tengamos que recurrir a buscar contenido para nuestros dispositivos en esas descargas no autorizadas.

Supongo también que el que los precios de los libros en formato electrónico sean iguales -sino superiores- a sus contrapartidas en papel tampoco tiene nada que ver o que a muy pocas editoriales se les haya ocurrido ofrecer un paquete a precio atractivo de la edición en papel y la electrónica.

Menos mal que José Antonio Millán da la contrapartida a todas estas sandeces en su artículo Malas y buenas noticias en el que menciona precisamente esta falta de oferta, la lentitud en sacar las ediciones electrónicas, absolutamente inexcusable en una época en la que prácticamente todos los libros nacen ya en formato electrónico, o la aparente falta de imaginación a la hora de pensar nuevos modelos de negocio.

Y es que todo esto no debería pillarles de sorpresa. Uno piensa que podrían haber aprendido algo de los sinsabores de la industria audiovisual y de lo mal que les está funcionando su estrategia de intentar solucionar la cosa por la vía judicial.

Pero claro, eso hubiera sido un poco un cuento de hadas, y se ve que los editores además de no editar tampoco leen.

Actualización: Por problemas de espacio en el papel al artículo de José Antonio le falta un párrafo, que reproduce en su blog y copio aquí:

«La situación actual, plagada de descargas no autorizadas, tiene un aspecto positivo: ¡existe la demanda!, ¡hay gente a la que le encanta leer!, ¡en pantalla se puede leer tanto o más que en papel! ¿No será que fallan las alternativas de negocio? Cada vez que hay nuevos cálculos del acceso a obras sin autorización se habla de la “merma de negocio”, y no es así (como ya se ha visto repetidamente en el caso de la música): no toda obra descargada ilegalmente habría sido comprada, y menos a esos precios…»

Leído hoy en microsiervos.com