lunes, 29 de noviembre de 2010

Una noche loca

Las series de televisión siempre han estado en un segundo plano dentro del mundo del séptimo arte. Era la única salida para actores fracasados y servían de entretenimiento para las comidas del mediodía. Poco a poco, todo ha ido cambiando. En un mundo hiperconectado, donde no existen barreras geográficas, las series han ganado un peso con el que sólo habían soñado. Ahora los actores de éxito quieren cameos para aumentar su popularidad y los mejores guionistas se han centrado en este nuevo formato. Ha nacido una nueva adicción.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

«Si abres tu mente demasiado, se te caerá el cerebro»

Como esta semana no tengo ni ganas ni fuerzas para escribir algo mío, subo este video humorístico que vi el otro día en Microsiervos.

Los llamados "abiertos de mente" se abren tanto a veces, que se les va a caer el cerebro. Y Tim Minchi explica esto mismo con su canción, donde no deja títere con cabeza: astrología, religión, homeopatía, videntes... todos ellos son desmontados bajo una sola premisa: que demuestren sus condiciones bajo pruebas rigurosamente controladas. Pero el planteamiento de Tim también puede ser desmontado fácilmente por cualquiera que tenga ligeras nociones metodológicas o de filosofía de la ciencia... ¿Qué entendemos por "pruebas rigurosamente controladas"? ¿Acaso lo que consideramos ciencia no depende del momento en el que ésta se haga? Muchas cuestiones podría añadir aquí para darnos cuenta de que las cosas no son tan sencillas como parecen. En todo caso, termino con una frase de Lessing que leí el otro día ojeando el libro L'evolution et la structure de la doctrine de la science chez Fichte (Martial Gueroult, 1930): "Sin duda, cuando fueron reveladas las verdades religiosas, no eran racionales, pero fueron reveladas para que llegaran a serlo". Por ejemplificar, muchas de las técnicas espitiruales empleadas durante siglos por las grandes religiones, actualmente se está descubriendo que, no sólo funcionan, sino que son superiores a otras técnicas psicoterapéuticas (farmacológicas incluidas) consideradas más "científicas" a mediados del siglo XX.

Aún con todo, gran "canción" e interesante crítica en tono de humor.


sábado, 20 de noviembre de 2010

El mapa mutante de Europa, un antídoto contra los nacionalismos

10 centuries in 5 minutes from scott lewis on Vimeo.


El mapa actual de Europa se parece más al que estudiaron nuestros abuelos antes de la primera Guerra Mundial que al que estudiamos los que fuimos niños en el último tercio del siglo XX. La animación que podéis ver arriba resume la evolución de los países europeos y sus fronteras en 1.000 años de historia. ¿El resultado? Como dice el Tao, todo fluye, nada permanece: imperios que parecía inamovibles, como el otomano, se extinguen en unos minutos (que son siglos, pero qué importa) o la URSS, que parecía sólida como una pirámide, duró menos que una vida humana.

Las identidades colectivas son una ficción interesada. Interesada, por ejemplo, para los gobernantes, necesitados de un sentimiento compartido –la nación, en este caso- para poder enardecer a las masas. Sucede, no obstante, que la práctica totalidad de los estados hoy existentes son fruto de una serie de concatenaciones, carambolas, alianzas y tejemanejes, más que de esa entelequia que es la identidad común, un intento de unir cuyo efecto inevitable es separar de otras identidades.

Así, el habitante de la Patagonia celebrará con igual fervor que el mendocino el gol de Messi a Brasil, aunque probablemente ignore que es casi cuestión de azar que su estancia pertenezca hoy a Argentina en lugar de hacerlo a Chile, Inglaterra o Alemania. Brasil acabó siendo la perla de Portugal en el mundo, pero durante veinticinco años (1630-1654) pareció que Holanda iba a hacerse con aquel botín. De haber prosperado el Brasil holandés Vinicius de Moraes tal vez se llamara Devisser Van de Hoge y cantaría en un idioma tan poco propicio a la bossa nova como el neerlandés.

Los ejemplos anteriores son intencionadamente inocuos, pues por fortuna el orgullo nacional va quedando restringido a cuestiones folklóricas, como el balompié o el Festival de Eurovisión, especialmente en esta Europa mutante en la que estallaron las dos guerras mundiales que incendiaron el mundo en el infame siglo XX.

Todo esto lo dice, mejor y con menos palabras, El Roto:

domingo, 14 de noviembre de 2010

Filosofía y psicología

"Un octogenario no debería presentarse dando la impresión de hablar demasiado de sí mismo. Nada hay tan original en un anciano como ser todavía contemporáneo y haber conocido en persona a hombres como Gerhart Hauptmann y Stefan George, Paul Natorp y Rabindranath Tagore, Husserl y Scheler, Ortega y Gasset y Cassirer. Intentaré describir cómo alguien como yo - no necesariamente yo mismo - echó raíces en la filosofía académica de nuestro siglo. Cuando me doctoré como alumno de Paul Natorp en 1922, un jovencito inmaduro, no era ni mucho menos un talento precoz, sino un buen estudiante de la filosofía neokantiana, predominante a la sazón, aunque ya se encaminaba hacia su disolución espontánea […] Sin embargo, el lector de Kierkegaard y Dostoyevski que era yo estaba lleno de un profundo escepticismo hacía toda la problemática filosófica, también hacia el llamado sistema de los problemas.Así pues, la radical destrucción del conceptualismo tradicional greco-latino que Heidegger exponía con impetuosidad encontró en mí una resonancia bien dispuesta, que se fortaleció considerablemente bajo la poderosa influencia de Wilhelm Dilthey. A través de él me llegó la herencia de las ciencias filosóficas románticas. Esta herencia fue efectiva sobre todo a través de la filosofía del espíritu de Hegel, pero todavía me marcó más escuchar continuamente la voz de la poesía: la de Jean Paul y Hölderlin, Stefan George y Reiner María Rilke. Cuando más tarde Heidegger se apartó de la trascendental representación de sí mismo y del apasionamiento existencias de ‘ser y tiempo’ y empezó a reflexionar sobre las visiones hölderlinianas, lo sentí casi como una legitimación tardía […] El hecho de que el pensamiento posterior de Heidegger - de nuevo con el incomparable radicalismo que le distinguía - volviera al logocentrismo de los griegos y descubriera en él el inicio del pensamiento subjetivo de la época moderna, no pudo impedir que la filosofía griega en su conjunto, y no sólo en los presocráticos, ejerciera su fascinación sobre mi.

Me podría preguntar si he aprendido suficiente lógica y suficiente Kant. Pero el hecho de que la sabiduría humana, transmitida oralmente a través de la retórica y la poesía, hubiese perdido sin motivo su validez dentro de la cultura científica moderna y hubiera que restituírsela me condujo a Platón y a Aristóteles y de Vico a Herder hasta Hegel y la hermenéutica. ¿Quién no hace de su debilidad una virtud? Sin duda fue mi virtud y mi debilidad tener que defender al Otro y su derecho […] No creo que semejante diálogo continuado con la tradición de nuestro pensamiento debilite el ímpetu mental que recibí a través de Heidegger y que me indicó el camino […] Fue el radicalismo con que Heidegger convirtió en tema filosófico la temporalidad e historicidad del ser y con que trató a la vez la destrucción del subjetivismo de la época moderna lo que me invitó a la crítica del positivismo y Psicología de Dilthey, incitándome al mismo tiempo a una conciencia incrementada en el trato hermenéutico con el pasado y en especial con la filosofía griega […] Me avine bien con el Heidegger tardío, preguntando por la verdad en el arte pero dejando una especie de opción para la ‘Antigüedad’ en general. Porque todo su pensamiento, no sólo el de los presocráticos, no estaba dominado todavía por la superioridad de la conciencia individual ni determinado por la preocupación de la cognición reconocida.

Soy ciertamente consciente, y esto empezó muy pronto, cuando leí a Kierkegaard y entonces me apropié del Hegel más vivo, de que pertenezco a fin de cuentas a la gran línea de críticos del idealismo que precisamente en nuestra juventud hicieron suya la empresa de Kierkegaard bajo el nombre de filosofía existencialista. Tampoco me hago la ilusión de haber sabido recibir plenamente los impulsos procedentes de Heidegger, ¿quién ha sabido hacerlo? No obstante, me sigue pareciendo cierto que la lengua no es sólo la casa del ser, sino también la casa del ser humano, en la que vive, se instala, se encuentra consigo mismo, se encuentra con el Otro, y que la estancia más acogedora de esta casa es la estancia de la poesía, del arte. En escuchar lo que nos dice algo, y en dejar que se nos diga, reside la exigencia más elevada que se propone al ser humano. Recordarlo para uno mismo es la cuestión más íntima de cada uno. Hacerlo para todos, y de manera convincente, es la misión de la filosofía".

Gadamer, La misión de la filosofía (1983), 151-154.

sábado, 13 de noviembre de 2010

¿Por qué los países pobres son más religiosos?

La gráfica de arriba muestra la relación entre ingresos per cápita y religiosidad (“¿Cuán importante es para ti la religión?”, según la encuesta mundial de valores de Gallup) en los países del mundo. La correlación es inequívoca: cuanto más pobre es un país, más religiosos son sus habitantes. ¿A qué es debido?

La lectura más simplista es que la propia religión actúa como freno al desarrollo económico de las sociedades. Esta hipótesis tiene cierto predicamento, en tanto la secularización de Europa allanó el camino a la Revolución Industrial, y resulta tentador extrapolar aquella experiencia a otras latitudes y épocas. No obstante, esa asociación automática entre religión y desarrollo (científico, tecnológico y económico) es muy osada, por dos motivos: 1. Asume que existe una relación causa-efecto entre ambas variables, y que la religiosidad de una sociedad es la causa y no la consecuencia del subdesarrollo y 2. Equipara todas las religiones al inmovilismo de algunas de ellas: no es lo mismo una teocracia islámica que el sintoísmo nipón.

El caso de África es significativo. Los africanos siempre han sido religiosos de la vieja escuela: animistas y politeístas. En los últimos 110 años, además, han adoptado masivamente dos religiones del Libro: el cristianismo y el Islam. Si a principios del siglo XX apenas había 18 millones de creyentes de ambas fes hoy suman más de 700 millones (470 millones de cristianos y 234 millones de musulmanes), en lo que es la más veloz y masiva conversión religiosa de la historia de la Humanidad.

Ahora mismo, el África subsahariana es la zona más religiosa del mundo, como han comprobado los investigadores del Pew Forum, que encuestaron a 25.000 personas de 18 países, del Sahel a Sudáfrica: la inmensa mayoría de la población cree en Dios, en el cielo y el infierno y en que la Biblia es la palabra literal de Dios. Una gran mayoría también piensa que Jesús volverá durante sus vidas.

El continente negro ya era pobre antes de la conversión masiva al Islam y al cristianismo y hoy es aún más pobre, sobre todo si lo comparamos con muchas otros países de Asia y América, que en este último medio siglo han vivido un desarrollo económico espectacular. Por tanto, cabe plantearse que el “hambre de Dios” que tienen los africanos sea una búsqueda de consuelo ante una situación precaria, cuando no desesperada. De ser así, la religión no sería causa sino consecuencia de la pobreza, una posibilidad que rechazan de plano los apologetas de la maldad de la religión, como Dawkins y Hitchens. Otro asunto bien distinto es si esa masiva religiosidad actúa como un lastre en el desarrollo futuro de estas sociedades.

Pero toda regla tiene una excepción: en este caso Estados Unidos, uno de los países más ricos (per capita, porque la desigualdad es enorme y no deja de crecer) del mundo y el más religioso del hemisferio occidental: dos tercios de los estadounidenses consideran que la religión es muy importante para sus vidas, un porcentaje similar a los países del Golfo Pérsico. En España el 49% respondió afirmativamente a esa pregunta. La media mundial es un impactante 80%.

El gráfico se lo tomo prestado a Charles Blow, de NYT, que utilizó la fabulosa herramienta Gapminder para confirmar lo que ya insinuaba Gallup: cuanto más pobre es un país, más religiosos son sus habitantes.